Hoy hemos estado de reformas en casa. Reformas pequeñas, en realidad: colgar cuadros, poner un mueble, cambiar muebles de sitio, etc... Las típicas cosas que sólo puedes hacer en Agosto.
Después de toda la tarde trasteando, me pregunto: ¿cómo una persona inteligente, sin impedimentos físicos ni psíquicos y que además se gana la vida realizando una tarea que requiere una enorme coordinación entre los dedos, los brazos y el cerebro, como es tocar el violín, no es capaz de hacer un agujero en la pared sin destrozarla?
Realmente no lo entiendo. El otro día en el gimnasio me frustré mucho cuando me vi absolutamente incapaz de echar el culo hacia atrás para mantener la espalda recta, como me pedía la monitora. No podía hacerlo. Mi cerebro daba la orden, pero el cuerpo no me obedecía, me miraba en el espejo y veía mi espalda curva y mi postura desgarbada. Horrible. No entiendo cómo puedo tener tan poco control de mi propio cuerpo, y tampoco sé como puedo mejorar ese control, tanto en la motricidad "fina", como en la "gruesa". Y sin embargo, toco el violín lo suficientemente bien como para ganarme la vida con ello.
Bona nit.
P.D. Tampoco entiendo esto:
La barra más larga corresponde a ¡ayer!. Cuando ya estaba de bajada tras el efecto sudoku, me encuentro esto. ¿Vosotros lo entendéis?
Ayer nace al amanecer Teresa, mi sobrina. Una nueva vida en camino. Un pozo sin fondo de alegría.
Ayer casi muere al mediodía el padre de una alumna mía en Afganistán, tuvo mejor suerte que 17 compañeros suyos.
Ayer murió al anochecer el Hermano Roger de Taizé, apuñalado durante la oración vespertina por una desequilibrada.
¿Es este nuestro camino en la vida? ¿Nacer al amanecer, casi morir al mediodía, morir al anochecer? Cómo están de presentes la muerte y la vida en nuestra existencia aparentemente tan inmortal, tan intocable.
Por fin tenemos aire acondicionado en casa, después de una odisea con la Comunidad que haría palidecer a los de "Aquí no hay quien viva". Lo que pasa es que la ley de Murphy hizo su aparición, como siempre, y estos últimos días están siendo la mar de frescos en Valencia, con lluvias intermitentes y aire fresco casi todo el día. Casi no lo hemos podido estrenar.
La ley de Murphy, siempre implacable: "Si algo puede salir mal, saldrá mal; o por qué la tostada siempre cae por el lado de la mantequilla". Es la única ley que no obedece a si misma, y no falla nunca, ni siquiera por llevarse la contraria.
Bona nit.
P.D. Nos ha visitado la chica con falda roja, que lleva uno de los blogs a los que más cariño le tengo de mi blogroll. Os lo recomiendo efusivamente.
Hoy hemos estado en casa de unos amigos y hemos visto un álbum en el cual había algunas fotos donde salíamos Sofía y yo.
Me encanta ver las fotos de alguien que conoces, y cuanto menos lo conoces, mejor. Es alucinante cómo los círculos de amistades intersectan, como tú puedes estar en el álbum de fotos de alguien a quien conociste un tiempo y luego ya no volviste a saber de él. Sin embargo, cuando él mire su álbum, allí estarás para siempre, como eslabones sueltos de una cadena.
¿En qué remotos álbumes de fotos estaré? ¿Qué personas nos verán? ¿Qué dirán de nosotros?
Bona nit.
P.D. Hoy he visto un DVD del Cuarteto Petersen muy interesante. No había oído nada tocado por ellos y me han gustado.
Ha sido un final de curso muy duro. Este año tenía 7 alumnos que debían hacer la prueba de acceso a Grado Medio, una especie de oposición en miniatura obligatoria para todos los alumnos que quieren seguir sus estudios en el Conservatorio y en la cual no tienes asegurado el entrar ni siquiera siendo del propio conservatorio.
Mis alumnos estaban muy nerviosos, y yo he padecido bastante (el que padece más es siempre el profesor) pero al final todo ha ido bien (excepto una alumna que ha suspendido, pero lo tenía casi imposible).
Ahora vienen las vacaciones, nuevas con María del Mar, y un deseo de ordenar. Ordenar mi vida, mi habitación, este despacho. Clasificar partituras y discos, archivar las cosas del curso pasado, etc.
No os podéis imaginar el desorden acumulado de todo un curso, y este regalo de tiempo por vivir.
Sofía me ha pedido que llene el Ipod (tenemos un ipod shuffle de 512 Mb, de esos pequeñitos sin pantalla) con canciones que le relajen y le pongan de buen humor, para llevárselo al parto y distraerse durante la dilatación, porque imagino que en el paritorio no podrá llevar los cascos. De momento esto es lo que me ha pedido.
- La Banda Sonora de El Cartero y Pablo Neruda - Songhai 2 (Ketama y otros...) - Las variaciones de la Sonata en Re m para violín y piano K. 305 de Mozart - Varias canciones de Pedro Guerra: Daniela, Dibujos Animados, Golosinas... - El viento eres tú de Silvio Rodríguez - Duerme Negrito de Atahualpa Yupanqui (se lo ha cantado a nuestra hija durante todo el embarazo) - Varios números de Les Luthiers: Las noches de París, El negro quiere bailar, Entreteniciencia Familiar...(no son los más famosos, pero es que a Les Luthiers los hemos oído tanto que ya nos gustan los no tan conocidos) - Alguna cosa de Gomaespuma
Esto es lo que ella quiere, de momento. Yo añadiré alguna cosa más, de regalo.
Cada vez quedan menos días para que nazca mi hija, y por lo tanto, para que cambie mi vida para siempre. Me siento como si fuera a atravesar una puerta y entrar en un sitio donde no he estado nunca. Dejar cosas atrás siempre es dificil.
Todos dicen que es una experiencia que vale la pena. Que te cambia la vida. Unos me asustan, otros me animan.
Yo tengo miedo a dejar atrás la vida tan feliz y fácil que llevo, y a no saber como educarla, que es lo bueno y lo malo (no lo sé para mi mismo, lo voy a saber para otra persona). Y no tengo miedo a dejar que entre alguien en mi intimidad y me pida tiempo, energías, sacrificios y amor, y que a cambio me dé una sonrisa.
Vosotros, padres/madres que me leáis. ¿Qué supuso vuestro primer hijo? ¿Cómo os sentíais pocos días antes de que naciera? Se agradecen los comentarios.
Este fin de semana he visto dos películas de Woody Allen, aunque no sé exactamente por qué; supongo que me habrá recordado algo el estreno de su última peli en Cannes, que ha salido en todas las teles, radios y periódicos. Hemos visto Manhattan y Melinda y Melinda.
La primera es del año 1979 y la última del año pasado, 2004. 25 años de diferencia entre una y otra, que me sirven para interpretar la evolución (o involución, desgraciadamente) de Woody.
Las dos se desarrollan en Manhattan, los personajes son neoyorquinos cultos, de clase media-alta, aspiraciones artísticas o intelectuales, y tremendos líos sentimentales de fondo. Las dos tienen bandas sonoras que reflejan los gustos del director por el jazz clásicon y la música clásica (creo que mi afición al jazz de los últimos 10 años viene motivada por las películas de Woody Allen).
Pero las ideas han cambiado tanto como los tiempos. Por ejemplo, la obsesión por el psicoanálisis, tan setentera-ochentera, ha desaparecido de las últimas películas de Woody Allen. El judaísmo neoyorquino y sus conflictos ya no se ven tanto en sus películas. Pero para mí, lo peor ha sido un cambio de fondo.
En Manhattan, el "mensaje" no es explícito, simplemente el director te presenta la historia y tú sacas las conclusiones de lo que es bueno o malo, positivo o negativo. En "Melinda y Melinda" se coge una idea (¿es la vida una comedia o una tragedia?, ¿qué es lo que predomina en la esencia humana?), se enuncia explícitamente, se desarrolla y se soluciona en la escena final. Todo muy bonito, cerrado y made in USA. Me da la impresión de que en sus últimas películas, Woody Allen considera al espectador un niño al cual hay que explicarle el mensaje de la película, para que no se quede sólo en la historia.
¿Tan bobos nos hemos hecho? ¿Son necesarios los personajes que cenan y dan vida a las dos historias de Melinda? ¿Es necesario que nos cuenten su moraleja como si hubiera un Homer Simpson al otro lado de la pantalla?
Parece como si Woody Allen diera la razón a los americanos, que consideran sus películas demasiado intelectuales, y se rebajara a explicarles bien mascadito el mensaje de sus pelis. ¡Por favor!
En Manhattan esto no es así, y eso es lo que más me gusta. Aparte de que Woody como actor se sale, y los sucedáneos de si mismo que ha puesto en sus últimas películas (por ejemplo el personaje de Hobie, un claro alter ego de él con sus mismos tics), sólo nos sirven para recordarnos lo irrepetible que es como humorista y actor.
Me quedo con las películas antiguas de Allen, y de las modernas, sólo salvaría las "locas", aquellas en las que no pretende endilgarnos ningún mensaje "pseudofilosófico", como Granujas de Medio pelo o La Maldición del Escorpión de Jade. Películas como Felicity , Desmontando a Harry o Melinda y Melinda me desmitifican a uno de los mejores genios del cine que quedan vivos.
De todas maneras, si comparamos las películas de Woody Allen con las producciones del cine USA actual, hasta sus peores bodrios son obras maestras, siempre de buena factura, bien contadas y técnicamente impecables. Y es que el cine guiri esta muy mal...salvo excepciones.
Una de las pegas de ser despistado es la eterna pregunta que nos hacemos los pobres que no tenemos garaje para aparcar nuestro coche: "¿Donde c*** deje yo el coche aparcado ayer?". Suelo coger el coche para ir a trabajar todas las tardes, a primera hora, y vuelvo a las 21'30 todos los días, cansado (lo que me hace olvidar rápidamente donde aparco). Indefectiblemente, al día siguiente no me acuerdo nunca de donde he dejado aparcado el coche. Creo que un anuncio de la radio plantea esta misma situación, para venderte unas "pastillas milagrosas" que hacen que tengas memoria de elefante. Quizá debería comprarlas, pero soy muy escéptico con las teletiendas y los charlatanes...
Pues bien, mis largas noches delante de Internet han servido para algo. Como ahora las tags y la folksonomía están tan de moda, decidí aplicarlas a la vida real, y crear una etiqueta mental cada vez que aparco el coche, y así al día siguiente recordar esa etiqueta y no pasarme diez minutos dando vueltas por el barrio. Las etiquetas son del tipo "banco cutre", "panadería", "fulitu" (nombre del todo a 100 de debajo de mi casa), etc.
De momento funciona. Hasta que confunda las etiquetas de un día y otro y volvamos a empezar.
Por cierto, el enlace al que hacía referencia en mi post de ayer sobre los blogs heterogéneos era éste.
He empezado a ir a un gimnasio que hay al lado de mi casa. Yo siempre he odiado los gimnasios, pero llevaba 3 meses sin hacer nada de deporte y cada vez me sentía más anquilosado. Llevo dos semanas yendo 2 ó 3 veces por semana y estoy muy contento. Yo no sé si son las famosas endorfinas que produce el ejercicio físico, la sensación de que hago algo y me muevo, o una secreta esperanza (inútil, por otra parte) de que podré sustituir mi actual pancha por hermosos músculos en forma de tableta de chocolate (como diría Homer, ¡Mmmmmhhh, chocolateeee!); pero vuelvo siempre del gimnasio de muy buen humor y con ganas de más.
Mi abuela se llama Adela, y es una señora menuda y vivaz, muy de la Ribera. Habla un valenciano maravilloso, y es nuestro "diccionario" de uso particular. Cuando no sabemos si una palabra es correcta, vamos y le preguntamos a ella. Una vez, en una cena de Nochebuena, queríamos decirle que "el codillo ya estaba cocido" y no sabíamos como se decía cocido en Valencià. Esta fue la respuesta de mi abuela (lo transcribo en valenciano y después lo traduzco, aunque casi no necesita traducción).
- Iaia, com es diu en Valencià "cocido"? - Xe, ja veus tu, se diu puchero...(contestó toda ofendida de que no supiéramos algo tan facil)
Aún nos estamos ríendo. (la gracia está en que ella entendió cocido no como participio de cocer, que se diria "cogut", sino como el cocido como plato, que en valencià se dice puchero (o puxero, como diria la gramatica "correcta", que se empeña en decir que en valenciano no existe la ch)
Palabras como "Sanguango", "Paiano" y demás lindezas intraducibles que no existen en ningún diccionario "correcto" son las que nos alegran la vida y le dan a mi abuela el rango de verdad lingüística inmutable.
Tiene 90 años y aún está con nosotros, pero cuando pienso que no le queda mucha vida y no estoy a su lado con frecuencia, me doy cuenta de lo que perderé cuando se vaya.
Sabéis que toco el violín, pero no os he contado nunca que yo toco el violín porque mi abuelo lo tocaba, y empecé a estudiar con él, hasta su muerte. Cuando yo acababa en el colegio a las 5, llegaba a casa, cogía el violín y me iba todos los días a casa de mi abuelo a dar "la clase". La clase era hacer escalas, ejercicios de mecanismo, Kayser (un libro de estudios que yo no tuve que comprar porque mi abuelo ya lo tenía, y ponía en la portada: "3'50 ptas") y lo que tocara en ese momento en el Conservatorio.
A mí, con 11 años, no me gustaba nada ver como mis amigos se quedaban a jugar al fútbol en el patio del colegio y yo me tenía que ir a hacer notas largas y escalas aburridas delante de una imagen de la Virgen (en la habitación donde dábamos la clase tenía un cuadro de la Virgen con una leyenda en latín que ponía "Sancta Maria, filios tuos adiuva", lo cual era para mí poco menos que serbo-croata, sobre todo esa palabra "adiuva", escrita con letra manuscrita en la que no se distinguían muy bien la u, la v y el punto de la i). De más mayor me he dado cuenta de lo importante que fue aquello para mi vida, y lo importante que fue para los últimos años de mi abuelo.
Hay gente que tiene un talento especial, como los perros, para oler el miedo o la debilidad de otras personas e hincar el diente allí donde saben que hacen daño. Ese talento no tiene nada que ver con la edad o la educación. Es totalmente innato. Hay gente de diez años que te hace más daño que el fiscal o el político más mordaz. Pero para eso hay que tener miedo y baja autoestima, que es el caldo de cultivo de sus víctimas.
Lo malo es que son esas personas las que triunfan, las que imponen "verdades" a la gente, las que se aprovechan de la situación en el momento determinado a su beneficio.
¿Por qué el mundo es tan grande, o por qué soy yo tan pequeño?.
Menos mal que "lo débil del mundo lo escogió Dios para humillar a lo fuerte" (1 Cor 1, 27).
Dice Andreu Buenafuente en El País Semanal: "Soy un tipo enamorado de la vida. Le pido a la vida emoción, ritmo, alegría; no me gustan nada los dramas, el dolor. [...] La quiero vivir muy bien"
Me parece una chorrada absoluta, pero que tiene su historia. Vaya por delante que me encanta Buenafuente, soy un adicto a su programa y me parece que es un ejemplo de que se puede hacer una televisión un poquito mejor; pero que diga eso me parece tonto.
¿A quién le gusta el dolor y los dramas? Creo que a nadie. El problema es que el dolor y los dramas existen, no se pueden esconder e ignorar como ignoramos las noticias que no nos gustan en el Telediario. Es el drama de nuestra generación. Pérez-Reverte (que no me gusta como escritor de novelas, pero si como articulista, aunque al final se repite) siempre habla de ese tema. Tanta sociedad de diseño, tanto buen rollo, tanto ocultar la fealdad, la imperfección, la vida oscura y diaria... nos hace carne de antidepresivos, régimenes de adelgazamiento y cursos de autoestima. Cuando vemos que la vida no es como en la tele, que hay grandes alegrías y grandes dramas, pero sobre todo cotidianeidad, vida sin brillo, etc. nada nos cuadra.
Yo también quiero vivir muy bien la vida, pero mi realidad se entreteje de dramas, alegrías y momentos pequeños, donde la vida sólo y simplemente, pasa.
Odio las celebraciones impuestas por los grandes almacenes. Pero me voy a tragar mi orgullo y voy a celebrar junto a mi mujer este día, porque se merece 365 días de la madre.
Felicidades, mamá de nuestra hija. Porque aunque aún no hayamos visto su cara, tú ya eras madre desde su concepción y estabas dando la vida, el cuerpo, la salud, la libertad y la tranquilidad por ella.
Porque nuestra hija no puede tener mejor madre que tú.
Hoy hemos estrenado (casi un año y medio después de instalarnos en esta casa) cortinas en el salón. Esto no merecería un post en ningun blog que no fuera el de Maria Teresa Campos, pero si viérais el salón de mi casa, con un ventanal bastante grande y un edificio enfrente donde sólo tienen que asomarse a la ventana y vernos en plan "Gran Hermano", entenderíais lo bien que se siente uno teniendo intimidad sin tener que bajar la persiana a tope.
Aquí os pongo una foto, para que las veáis.
Son chulas, ¿no?. El altavoz que se ve, lo hicimos entre unos amigos y yo con unos planos sacados de Internet. Otro día os contaré una de mis aficiones, el audio hi-end, pero con pocos medios.