Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.
He puesto a la venta algunos cacharrillos que tenía por ahí en Ebay. Los enlazo aquí también por si alguno os interesara.
Mi primera cámara digital. Fuji 1.3 Mp sin zoom
Cargador de Móvil Sony Ericcson
Cargador para Camara Canon Ixus (que me robaron)
Base para Palm Zire 72 (que también me robaron)
Control remoto con pantalla para Minidisc MZR55
Bon dia
P.D. Igual peco de indiscreto, pero quiero contaros que HD ha sido padre por segunda vez. Enhorabuena por las sonrisas que acaban de llegar.
No me molesta que utilicéis el blog como cancha de ping-pong en absoluto. Así aprendo dialéctica y el arte de rebatir, opinar diferente, discutir. Yo debo tener algún gen "japonés" que me impide todo enfrentamiento dialéctico sin sentirme cuestionado en lo personal (vamos, que no sé decir que no sin sentirme mal por ello), y me encanta ver que una discusión sobre una frase puede llegar a extremos encendidos sin que las personas que la protagonizan se sientan mal en absoluto, ni con ellas mismas, ni con la otra persona. Una vez leí la biografía de Isabel Allende (que como escritora me parece banal y vulgar) y contaba que cuando era adolescente, su abuelo le hacía debatir con ella sobre los temas más variopintos, de la siguiente manera: si debatían sobre la pena de muerte (por poner un ejemplo) y la niña se posicionaba en contra, pues el abuelo estaba a favor: era tal su arte dialéctica (o la endeblez mental de la niña, todo hay que decirlo) que al final la convencía totalmente y acababa firmando en un papel que estaba a favor de la pena de muerte. Cuando esto sucedía, el abuelo guardaba el papel en un cajón, y entonces tomaba la opinión contraria (es decir, la que había sido inicialmente la de la niña), y otra vez la llevaba en un debate a escribir en un papel su convencimiento sobre la opción que al inicio sustentaba. Así llego a guardar cientos de papeles en ese cajón donde la cría firmaba a favor y en contra de la misma cosa con todo convencimiento. Pienso que, educado en un entorno donde el enfrentamiento es tabú y "es mejor tragar" antes que provocar una discusión, a mí me habría venido muy bien un abuelo como ese. Ahora vosotros me enseñáis aquello que no me enseñaron y que tengo metido hasta el tuétano.
Bona nit
"La música en nuestra vida.
Desde la Edad Media hasta la Revolución Francesa la música fue uno de los pilares fundamentales de nuestra cultura, de nuestra vida. Comprender la música formaba parte de la educación general. Hoy, sin embargo, la música se ha convertido en un mero ornamento para guarnecer noches vacías con visitas a óperas y conciertos, para realzar actos festivos públicos o también, a través de la radio, para disipar o avivar el silencio de la soledad del hogar. Así, se da el caso paradójico de que aunque en la actualidad tenemos cuantitativamente mucha más música que en cualquier época anterior -incluso casi permanentemente-, esta no significa nada en nuestra vida: ¡un pequeño y agradable adorno!
Y es que a nosotros nos parecen importantes cosas completamente diferentes que a los hombres de tiempos anteriores. Cuánta energía, sufrimiento y amor tuvieron que derrochar para construir templos y catedrales, y qué poco para las máquinas de la comodidad. Para los hombres de nuestro tiempo un automóvil o un avión son más importantes o valiosos que un violín, y el esquema de un cerebro electrónico más importante que una sinfonía. Pagamos demasiado caro aquello que consideramos cómodo y necesario para vivir: sin reflexionar, despreciamos la intensidad de la vida a cambio de los destellos de la comodidad: lo que perdimos una vez no volveremos a recuperarlo nunca.
Esa transformación total del significado de la música se ha efectuado en los dos últimos siglos a una velocidad creciente. Junto a ella tiene lugar una transformación de la actitud hacia la música contemporánea, por no decir del arte en general: mientras la música era un componente esencial de la vida, sólo podía proceder del presente. Era la lengua viva de lo inefable, sólo podía ser entendida por los contemporáneos. La música cambiaba al hombre -al oyente, pero también al músico- Tenía que ser creada de nuevo, una y otra vez, de igual manera que las personas tenían que construir una y otra vez sus casas, adaptándose cada vez al nuevo estilo de vida, a la nueva espiritualidad. Así pues, la música antigua, la música de generaciones anteriores, dejaba de entenderse y de utilizarse; sólo en ocasiones se admiraba su habilidad artística.
Desde que la música ha dejado de estar en el centro de nuestras vidas, todo esto ha cambiado: como ornamento, la música ha de ser ante todo "bella". En ningún caso ha de molestar, no debe asustarnos. La música actual no puede cumplir con esa exigencia, ya que por lo menos refleja -como cualquier arte- la situación espiritual de su tiempo, o sea del presente. Sin embargo, una reflexión honesta, sin consideraciones, sobre nuestra situación espiritual no puede ser sólo bella; se entromete en nuestra vida, es decir, molesta. Así, se ha dado el caso paradójico de que la gente se ha apartado del arte del presente porque molestaba, porque quizá tenía que molestar. No se quería una reflexión, sólo belleza y dispersión de la cotidianidad gris. De esta manera el arte, en particular la música, se ha convertido en mero ornamento y la gente se ha entregado al arte histórico, a la música antigua: ahí se encuentra la belleza y la armonía que uno busca."
Nikolaus Harnoncourt, La música como discurso sonoro Ed. Acantilado (Quaderns Crema). Barcelona, 2006
(el libro original es de 1982. Así de actuales son las traducciones de la música en nuestro pais)
Aunque me siento tentado de dejar sólo el texto y ya está, seguro que algunos me acusarán de tirar la piedra y esconder la mano. En el artículo de Harnoncourt, que ya me he cansado de transcribir, pero que es incluso más interesante, habla de que en el momento que reducimos la música a simplemente "bella", la estamos aplanando irremediablemente. Ninguna música nació para ser únicamente "bella". Y aunque el texto es de 1982 y por tanto un poco desfasado (anterior a Internet y a esta cultura nuestra de la ubicuidad digital), tiene afirmaciones que son intemporales y con las que me gusta identificarme. Ahí os lo dejo.
Bona vesprada
P.D. Ayer me di cuenta de que mi hija vive ya en otro mundo al mío, cuando me pidió ver "Los Lunnis" a una hora a la que no lo hacían por televisión. Entonces tuve que explicarle que no hacen siempre todo a la hora que ella quiere. Eso es lo que ha vivido hasta ahora gracias al Divx, a los discos duros multimedia, a Internet, y que para nosotros es inconcebible. Poder ver a cualquier hora todo aquello que me apetece ver y no estar sometido a los designios de una programación televisiva, radiofónica o musical. Ese es el mundo que vive mi hija, y no se parece en nada al de Harnoncourt en 1982.
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